miércoles, julio 27, 2005

UNA FAMILIA DE 7 HIJOS EN UN STUD DEL HIPÓDROMO


Eugenia Valenzuela tiene 38 años, un esposo, 7 hijos, un trabajo, no sabe leer ni escribir…Y hoy se encuentra sin una casa para vivir. El 10 de mayo se vio forzada a abandonar su vivienda, tras perder el juicio de desalojo que después de 20 años le ganara el dueño de la propiedad en que vivía por usurpación, y que se había iniciado por una deuda laboral que mantenían los dueños con los suegros de Eugenia, caseros originales del predio.
La vivienda en cuestión no era más que una casilla de madera, pero al menos contaba con las instalaciones mínimas de luz y agua potable que requiere cualquier ser humano.Desde ese día está viviendo junto a su numerosa familia en uno de los studs de las instalaciones del Hipódromo “San Martín” de nuestra ciudad, gracias al encargado, que por ser padrino de uno de sus hijos, le cedió el alojamiento hasta tanto le encuentre solución a su problema.
El stud es una construcción de cuatro paredes y en forma de tinglado, con techo a dos aguas, edificado especialmente para albergar caballos. Está dividido en 8 compartimientos pequeños, pensado cada uno de ellos para un animal a la vez, y su piso es de aserrín, material que facilita la limpieza de la materia fecal de los animales.En ese ambiente, usando sólo 4 de esos espacios, “viven” Eugenia y su familia, utilizando uno como improvisada cocina; otro para la señora y sus hijos; en el tercero duerme su concubino; y el último es “el baño”, en este caso sólo para asearse, pues obviamente no posee las instalaciones de uno como tal.En los compartimientos restantes se encuentran dos de los huéspedes originales del lugar: caballos, dos enormes caballos que allí pasan sus días.
Es decir, estas personas deben vivir, comer, dormir, e higienizarse, en los compartimientos que se encuentran al lado de estos dos animales.Allí se albergan Eugenia, su marido Manuel Ignacio Goitia, y los siete hijos: Miguel Ignacio, de 20 años; Esteban de la Cruz, de 13 años; Gustavo Daniel, de 11; Laura Belén, dos años menor; Rita, de 8; Angel David, de 5; y Brisia Lorelei, con apenas 24 meses. Sus mobiliarios son los mínimos como para cubrir sus necesidades, ya que en el predio no se ven más que 3 sillas precarias, una cocina a leña, 2 camitas que fueron improvisadas de tarimas viejas, y un colchón arrojado al suelo. Todo esto resulta más que insuficiente para la vida diaria de 9 personas, que no cuentan con una heladera, una cocina a gas, un ventilador, abrigo suficiente, o una simple mesa.“Yo estoy desesperada”, manifestó Eugenia, “más que nada por mis hijos, porque no quiero que vivan así. Yo quiero que estén en casa, tenerlos sentados alrededor de una mesa, y poder estar para cuidarlos y controlarlos, en especial a los adolescentes”.Todos ellos constituyen “la única preocupación” de Eugenia, en particular, la más pequeña, que nació con un soplo al corazón, sufrió una bronquiolitis que derivó en dos paros cardíacos, y a partir de allí generó un cuadro de broncoespasmo crónico.
A raíz de las condiciones de vida actuales, la niña presenta un cuadro de infección en los pulmones, y una reacción alérgica en todo su cuerpo. Se encuentra en este momento bajo tratamiento médico, el cual recibe en la salita del Barrio Villa García. La profesional que la atiende es la doctora Griselda González, que le aconsejó el uso de un nebulizador ultrasónico, al cual Eugenia no puede acceder económicamente. La médica destacó en su informe que considera a Brisia como una menor en riesgo social.Eugenia es beneficiaria del Plan Familia, que le otorga $ 400 cada dos meses, y trabaja además en una casa de familia realizando los quehaceres de limpieza día de por medio. Su esposo es ayudante de herrería, con lo cual genera un ingreso de no más de 100 pesos, y su hijo mayor atiende en un negocio tipo ciber. Con todo esto, los ingresos del grupo familiar no superan los $ 300 por mes. Esto les hace imposible pagar un alquiler provisorio que les permita abandonar estas condiciones de vida, ya que no llegan a cubrir sus necesidades básicas para subsistir.

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